Cortita, pero matona. Crónica reposada de la III Alé Cycling Pobla Llarga 2016.

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La Alé Cycling Pobla Llarga es una de esas marchas que por su distancia, recorrido y calidad organizativa se está afianzando con paso firme entre las preferidas del calendario cicloturista. En ésta, nuestra segunda participación, teníamos como objetivo batir nuestro registro anterior e intentar quedar en la mejor posición posible. Así sucedió y ésta es nuestra crónica reposada de la marcha.

 

Como siempre, cada uno de los habitantes de esta pequeña localidad valenciana se volcó con la organización de este evento que ha logrado colocar a la Pobla Llarga en el mapa cicloturista de la Comunitat. Tras un breve calentamiento nos colocamos en la salida para esperar el inicio de la marcha. El gentío en comparación con el año anterior era considerable. Se notaba la expectación y las ganas en el ambiente. Un par de cachos de plátano cortesía de la casa y pilas cargadas para acelerar desde el kilómetro menos 1.

104 km. 3 horas y 1 minuto.  34,2 km de media. 1000 metros de acumulado. 168 ppm de frecuencia media. Datos, datos y más datos. El deporte moderno es un análisis constante de información que, en ocasiones, es el mejor testimonio de la dureza de la ruta. Y las 168 pulsaciones por minuto de media del pulsómetro son la prueba de que está III edición de la Alé Cycling en la Pobla Llarga fue cortita, pero matona.

Igual que el año anterior, la primera parte de la carrera con el nuevo paso por la Pobla Llarga hasta la llegada a la población de Tous se convirtió en una vertiginosa locura en la que una vez más, pecando de inexperiencia, nos tocó ir saltando de grupo en grupo para adelantar alguna posición. Al fondo, en la lontananza, se observaba a los galgos, que ya escapados marcaban diferencias respecto del resto de pelotones perseguidores. En la ascensión al puerto de Tous, 3,2 kilómetros al 5%, el tráfico dificultaba nuestra progresión, en las primeras rampas dos de nuestros compañeros decidieron aminorar la marcha, mientras que los otros dos seguimos hacia adelante en nuestro afán de adelantar corredores. Asfalto rugoso. Carretera superpoblada. Vistas como recompensa. Y en 10 minutos y medio habíamos coronado. Descenso rápido, breve parada técnica en el avituallamiento y de nuevo a la locura. El pulso no bajaba. El corazón latía, latía y latía. No bajaban ni en el descenso.IMG-20161004-WA0013.jpg

Entre la subida de Tous y la de Sumacárcer la distancia es mínima, así que en la segunda dificultad montañosa de la jornada fue el momento de apretar los dientes y con menos corredores por delante avanzar otras pocas posiciones más. En 12:30 paramos el reloj en esta ascensión de 3,5 kilómetros al 6,1%. Tras el descenso llegó el momento de un nuevo reagrupamiento hacia la parte final de la carrera. Los kilómetros pasaban y pasaban, pero el corazón seguía sin tener ni un solo instante de relax.

En el grupo, sin embargo, se notaba que las fuerzas comenzaban a flaquear. Entre Navarrés y Anna se advertía una progresiva y peligrosa reducción de la velocidad. Un pequeño respiro. Una pausa. ¿Un espejismo? No, la cosa se paraba. Mi compañero Jorge había preparado esta marcha a conciencia y ya había tenido que renunciar a pelear con los titanes en el grupo delantero, por lo que había que ponerse el mono de trabajo y pisar a fondo el acelerador. Llegando hacia Rotglà pasamos a la acción. Emulando a esos gregarios que colocan a sus líderes antes de la subida final, pasé a la cabeza para acelerar hasta gastar el último gramo de fuerza. Afortunadamente, encontré la desinteresada colaboración de otro integrante kamikaze del grupo que con sus relevos, me permitía respirar, aunque fuera para apenas bajar de 170, camino de Llosa de Ranes. Antes de entrar en esta población comenzó el acelerón final. Los dientes chirriaban, las piernas a punto de explotar y el corazón llegó a tocar el cielo de las 191 pulsaciones. Vista atrás. Nadie seguía. Misión cumplida. Jorge hacia adelante con pista despejada, servidor al palco a disfrutar del espectáculo.IMG-20161004-WA0017.jpg

La subida a Santa Ana (2,2 kilómetros al 4,7%) fue ya un paseo a molinillo, con el maillot abierto y las piernas quebradas. El tramo final hasta cruzar la meta en la Pobla Llarga un calvario de calambres  y músculos agarrotados. Y al final de la película, objetivo superado y otro gran día de ciclismo vivido. Carrera rápida, pulso acelerado, pero disfrute al máximo. El año que viene más y, esperamos que, mejor. Volveremos.

 

Ref: https://coronandoelpuerto.wordpress.com/2017/01/03/cortita-pero-matona-cronica-reposada-de-la-iii-ale-cycling-pobla-llarga-2016/

 

Modificado por última vez en Lunes, 16 Enero 2017 23:03

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